UN LEGADO QUE NO MUERE

Manuel “Mane” Arrieta Iriarte no fue solo uno de los cañamilleros más importantes de Colombia; fue un sembrador de identidad. Llegó a Plato, Magdalena, en busca de oportunidades, pero terminó echando raíces profundas en una tierra que hoy resguarda su memoria, su música y su linaje.

Su talento lo convirtió en un referente del folclor regional y en un invitado permanente del Carnaval de Barranquilla, donde recibió múltiples distinciones. Su historia, digna de patrimonio, reposa hoy en el Museo del Carnaval, pero su legado no habita únicamente en los archivos: vive, respira y se transforma en su descendencia, en la única Comunidad Negra reconocida en Plato, asentada en el sector de Juan XXIII.

Ese legado ha encontrado en Samir Carmona Arrieta, su bisnieto, a uno de sus más firmes guardianes. Desde hace más de cinco años, Samir ha liderado un proceso cultural enfocado en la preservación y revitalización de las tradiciones ancestrales de su comunidad. Estudiante de Gestión Cultural e Industrias Creativas de la Universidad del Magdalena, ha convertido el conocimiento académico en acción territorial.

Su camino comenzó con un reto simbólico y profundo: recuperar el sonido de la flauta de millo, el “pito atravesao” hecho de lata de corozo, instrumento insignia de Mane Arrieta que había dejado de sonar en su propia familia por más de dos décadas. Aprender a tocarlo no fue solo un acto musical, sino un gesto de memoria. A partir de allí, emprendió la tarea de reorganizar el grupo familiar, hoy conocido como Herederos de Mane.

Pero Samir no se detuvo ahí. Entendiendo que el legado solo sobrevive si se comparte, inició un proceso de formación con niños, niñas y jóvenes de la comunidad, enseñándoles a tocar instrumentos tradicionales y a bailar los ritmos propios de su herencia cultural. Para fortalecer este trabajo, creó la Fundación Cultural Manuel “Mane” Arrieta Iriarte y la Fundación Afrocultural Herederos de Mane Arrieta, plataformas desde las cuales impulsa la salvaguarda del patrimonio inmaterial.

Hoy, más de cuarenta jóvenes hacen parte de este semillero cultural, donde no solo aprenden música y danza, sino también historia, identidad y sentido de pertenencia. Este proceso ha trascendido los lazos familiares, beneficiando a toda la comunidad y consolidando un espacio de resistencia cultural en el territorio.

Uno de los logros más significativos ha sido la reconstrucción de los patrones musicales y dancísticos propios de esta Comunidad Negra, cuya expresión difiere notablemente de otros estilos presentes en el municipio. En esas particularidades se encuentra la esencia de un legado que se niega a desaparecer.

Porque Mane Arrieta no es solo un recuerdo: es una herencia viva que sigue sonando en cada nota, en cada paso de baile, en cada joven que decide aprender. Su legado, lejos de apagarse, continúa floreciendo como un símbolo de identidad, memoria y dignidad cultural en Plato, Magdalena.

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