Entre relatos de río, música y celebración popular, Plato ha construido una de sus expresiones culturales más representativas. En esta historia, Edgar Elías Romanos Moisés ocupa un lugar especial como portador y promotor de una tradición que ha acompañado a varias generaciones.
Por: Edgar Caballero Elías
Existe una versión relacionada con este mítico animal que fue publicada por el investigador Virgilio Di Filippo, quien se atrevió a escribir sobre un caimán en la población de Plato. Nadie le creyó en su momento, y ciertamente esta historia nada tiene que ver con nuestra leyenda del caimán de Ciénaga, muy distinta en música, baile y coreografía a la de aquella población plateña.
Según esa historia, el protagonista era un pescador parrandero llamado Saúl Montenegro, apodado ‘cogedor de punta’. Cuenta el relato que obtuvo de un indígena un conjuro para convertirse en caimán y así espiar a las muchachas del pueblo mientras se bañaban desnudas en el río. Pero al fallar una parte del hechizo, quedó transformado en hombre caimán para siempre.
Tal vez todo hubiera quedado como un simple chisme de pueblo si el maestro José María Peñaranda no hubiera convertido la historia en popular porro “Se va el caimán”, inspirándose en ese “vacilón” de moda:
“Voy a empezar mi relato
con alegría y con afán,
que en la población de Plato
se volvió un hombre caimán”.
Sobre el Hombre Caimán de Plato se han dicho muchas cosas, como aquella versión donde un hombre, para encontrarse en secreto con su amante, se cubría con una piel de caimán y nadaba por el río hasta llegar al lugar acordado. Naturalmente, no todos los amantes tenían tanta suerte, y algunos “terminaban con la chaqueta quemada”.
Como muchas leyendas populares, esta historia se mueve entre la verdad y la ficción. Álvaro Ruiz Hernández, en su libro “Personajes y episodios de la canción popular”, recoge valiosos apartes que revelan lo difuso del mito.
Lo que sí es cierto es que, desde entonces, a cualquier persona astuta o aprovechada se le empezó a llamar “caimán”. De ahí que, más allá del mito, el Hombre Caimán se haya convertido en símbolo cultural y expresión popular del ingenio caribeño.
Las abuelas regañonas de Plato tenían que ingeniárselas para advertir a sus nietas que no debían ir a bañarse al río, porque “les salía un aparato raro”. Nunca se definió bien si era un hombre convertido en caimán o un caimán que se transformaba en hombre para “comérselas”, en el más estricto y literal sentido de la palabra. Los maliciosos del pueblo decían que el cuento funcionaba mejor así, porque las niñas le tenían más miedo a un hombre que al propio caimán.
Lo que sí parece haber sido cierto es que existía un “caimán cebado”, tan descarado y manso que los pelaos se subían sobre él flotando como si fuera un simple tronco. Como seguían alimentándolo con desperdicios de comida, el susto original se fue diluyendo. Fue entonces cuando las abuelas decidieron maquillar el cuento: le añadieron que el caimán tenía cara humana… y hasta dientes de oro.
Es en ese contexto que el maestro José María Peñaranda inmortalizó la historia con su canción. De no haber sido así, todo habría quedado seguramente como una simple anécdota pueblerina. Lo que al principio parecía otro invento más de los tantos mata ratos folclóricos de los caseríos, terminó dándole la vuelta al mundo, ganándose un lugar de importancia en la cultura popular.
Edgar Elías Romanos Moisés, plateño de ascendencia libanesa, nacido el 15 de julio de 1948, hijo de Miguel José Romanos Jattar y Helena Moisés Aschkar, quienes llegaron a estas tierras huyendo de los conflictos sociales y guerras civiles del Líbano, es el protagonista de la preservación de esta historia. Edgar Elías es el verdadero Hombre Caimán, defensor incansable de los valores folclóricos de Plato. Gracias a él, la leyenda no se quedó guardada en el baúl del olvido, sino que cobró vida, se difundió y alcanzó fama internacional.
Con la humildad que lo caracteriza, cuenta su historia de vida, marcada por su paso por distintos roles públicos: fue dirigente cívico, futbolista, gerente de empresas públicas, árbitro, político, investigador y docente. La gente lo conoce como “el profesor caimán”, apodo que recibió durante su época como educador en Plato.
Es él quien encarna año tras año al Hombre Caimán, recorriendo cada 11 de diciembre las principales calles del pueblo al ritmo de bandas populares, caña de millo y tambores. Su danzar, acompañado de coletazos simbólicos a borrachos y curiosos, marca el inicio oficial de las fiestas en la plaza principal. Edgar no solo representa una leyenda: es un ícono vivo de la tradición plateña.
ROMANOS MOISÉS, EL PROFESOR CAIMÁN
La historia de Edgar Elías Romanos se remonta al año 1962, cuando el creador de la fábula del Hombre Caimán, Virgilio Di Filippo Meriño -un empleado público que había llegado a la acogedora tierra de Plato en 1929 en misión del gobierno nacional- pidió hablar con él con urgencia. Un día, los padres de Edgar fueron avisados: su amigo Virgilio quería verlo con premura. Al llegar, lo encontró en cama, delicado de salud.
Fue en ese momento cuando Di Filippo le mostró un dibujo del Hombre Caimán al entonces adolescente Edgar -quien hoy agradece poder compartir este testimonio- y le confesó que soñaba con crear una fiesta en honor al personaje de su fábula. Romanos, con convicción, le respondió que él haría realidad esa idea. A partir de entonces, se convirtió en el heredero de una leyenda que ha recreado con pasión durante décadas.
Su obsesión por materializar ese sueño lo acompañó desde muy joven. Tal era su entusiasmo que, en el Colegio La Enseñanza de Cartagena, en 1963, fue apodado “El Caimán”, mote que le puso su compañero de estudios y reconocido periodista Juan Gossaín.
Así se introdujo en un universo que lo cautivó profundamente, motivado no solo por el amor a su tierra, sino también por el compromiso moral de cumplir la promesa hecha a Di Filippo: mantener viva la leyenda y convertirla en una celebración anual.
PERSONIFICACIÓN DEL HOMBRE CAIMÁN
La leyenda del Hombre Caimán de Plato surge de una mezcla entre la tradición oral indígena y las vivencias populares del Caribe colombiano. Se atribuye su origen a las tribus de los indios Chimilas y Malibúes, quienes moldeaban figuras de barro con cuerpos de caimán y rostros humanos, posiblemente como representación simbólica de la unión espiritual entre humanos y animales. Estos relatos, junto con historias locales sobre hombres que espiaban a mujeres mientras se bañaban en el río, sirvieron de inspiración para que el escritor y funcionario público Virgilio Di Filippo diera forma a la fábula del hombre que se convirtió en caimán al usar un conjuro para saciar sus deseos.
Di Filippo, quien llegó a Plato a finales de los años veinte, era un apasionado lector de epopeyas y leyendas. Al conocer hallazgos arqueológicos en la zona y escuchar relatos de sitios como el “Caño de las Mujeres” o “Puerto Jabonal”, construyó una historia que publicó con el seudónimo Luis F. Vardi en el diario La Prensa de Barranquilla. Para evitar conflictos personales, inventó al personaje ficticio de Saúl Montenegro como protagonista del cuento. Esta publicación despertó curiosidad nacional e internacional, pero el grupo de amigos que colaboró en su creación se disolvió por temor al escándalo.
La semilla plantada por Di Filippo no habría germinado sin Edgar Elías Romanos Moisés, un joven plateño a quien el autor le confió su legado antes de morir. En una emotiva despedida, Di Filippo le entregó el dibujo original del Hombre Caimán y le expresó su deseo de que la leyenda se convirtiera en una celebración. Romanos asumió ese compromiso con fervor y, en 1963, organizó por primera vez las fiestas del Hombre Caimán, estrenando el icónico disfraz confeccionado por la modista Chía Urda. Fue bautizado “el Caimán” por su insistencia en rescatar la identidad cultural de Plato.
A pesar de su entrega, el nombre de Edgar Romanos fue omitido en varios registros oficiales del festival, a pesar de ser su verdadero impulsor. En 1991, mientras participaba en una manifestación como dirigente cívico, fue herido, hecho que quedó plasmado en versos populares, mostrando cómo su figura se entrelazó con la del mítico Hombre Caimán no solo en la tradición sino también en la realidad social del municipio. Su trabajo como educador, líder comunitario y promotor cultural consolidó el evento como parte esencial del patrimonio local.
Hoy en día, la leyenda del Hombre Caimán no solo representa una historia pintoresca, sino una manifestación viva del folclor de Plato que se renueva cada año. Gracias a Edgar Romanos, quien transformó una crónica en una fiesta reconocida, el mito ha trascendido fronteras y ha situado a Plato en el mapa cultural de Colombia. Su legado continúa, no solo como el personaje festivo, sino como el hombre que luchó por dar identidad, orgullo y proyección a su pueblo a través de una leyenda que, sin él, se habría perdido en el olvido.
Este porro no solo fue un éxito en Colombia, sino que también cruzó fronteras, siendo interpretado en la película mexicana “Pasiones Tormentosas” (1946), dirigida por Juan Orol y protagonizada por María Antonieta Pons, con la voz del cantante cubano Quiko Mendive. Además, fue grabada por orquestas reconocidas como la de Eduardo Armani en Argentina y la Billo’s Caracas Boys, convirtiéndose en un símbolo musical del folclor colombiano.





